Las historias que se van con quienes amamos y el deseo de conservar algo más que su recuerdo.

Hay preguntas que llegan demasiado tarde.

Yo quisiera poder sentarme con mi tatarabuelo, Louis Lariguet, y escucharlo contar su vida. Saber qué lo llevó a dejar Francia para establecerse en otro país, donde llegó a fundar un pueblo. Cómo tomó aquella decisión. Qué esperaba encontrar. Qué dejó atrás.

Lo que conozco de él despierta mi admiración y mi curiosidad. En su historia reconozco algo que siento propio: ese impulso emprendedor y aventurero de imaginar una vida y atreverse a construirla.

Pero me faltan muchas respuestas.

Ya no queda nadie que pueda contarme de primera mano quién fue. El tiempo ha ido borrando los detalles, y con ellos se pierde una parte de la historia de mi familia. Una parte de la que también vengo yo.

Mi Biografía nació, en buena medida, de ese vacío. Aunque el primer paso ocurrió antes, durante una conversación en mi oficina.

Una periodista había venido a entrevistarme para un libro conmemorativo del Centro Empresarial Coparmex, del que yo había sido presidente. Al terminar, la conversación pasó de mi trayectoria a su oficio.

Me habló de su pasión por escribir y de la dificultad que ella y otros escritores encontraban para conseguir clientes. Había personas con talento y disposición para contar historias, pero les costaba encontrar a quienes necesitaran ese trabajo.

Le pregunté:

—¿Te gustaría que te ayudara con eso?

Le brillaron los ojos.

De aquella conversación surgió una primera iniciativa editorial. Reunimos escritores, diseñamos un método y desarrollamos herramientas para ponerlos en contacto con personas que quisieran convertir sus historias en libros.

Ese proyecto no continuó como lo había imaginado. Sin embargo, dejó sembrada una idea que después cobraría un sentido mucho más profundo.

Llegó la pandemia.

Comenzaron a morir personas cada vez más cercanas: amigos, familiares, gente que había formado parte de nuestra vida. Algunas se fueron sin que pudiéramos despedirnos.

Con cada pérdida fui tomando conciencia de algo: con una persona también desaparecen los recuerdos que nunca compartió, las experiencias que nadie le preguntó y las explicaciones que solo ella podía darnos.

Quienes nos quedamos conservamos fragmentos. Una fotografía, una frase, una anécdota que repetimos en familia. Pero hay mucho que desconocemos. Y, con los años, incluso lo que sabemos puede empezar a desdibujarse.

Pensaba en esas ausencias y volvía a pensar en Louis.

Si en una casa ha de haber libros, me gustaría que entre los primeros estuvieran las historias de quienes hicieron posible que esa familia existiera.

Nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros antepasados tomaron decisiones cuyas consecuencias llegaron hasta nosotros. Emigraron, trabajaron, se enamoraron, se equivocaron, volvieron a empezar. En sus vidas hay claves para comprender la nuestra.

Conocerlas también es una forma de rendirles homenaje.

Pero para conservar una historia hace falta algo más que el deseo. Muchas personas no saben por dónde empezar. Otras creen que no escriben suficientemente bien, que necesitarían demasiado tiempo o que encargar un libro está fuera de sus posibilidades.

Y algunas sienten que su vida no tiene nada que merezca ser contado.

Yo pienso en todo lo que daría por conocer los detalles cotidianos de la vida de mi tatarabuelo. Aquello que quizá a él le habría parecido demasiado corriente para escribirlo es precisamente lo que hoy quisiera saber.

De esa reflexión nació el propósito de Mi Biografía: hacer que más personas puedan contar su vida y dejarla al alcance de quienes vendrán después.

Encontré en la tecnología una manera de acercar esa posibilidad a más gente: ayudar a recordar, ordenar lo vivido y darle forma; reducir las barreras de tiempo, coste y escritura que tantas veces dejan una historia pendiente.

Después vinieron años de trabajo, aprendizaje e inversión para convertir ese propósito en una plataforma.

Hoy Mi Biografía está disponible. Y cuando pienso en lo que deseo que llegue a ser, imagino a alguien, dentro de muchos años, abriendo un libro y encontrando allí respuestas sobre su familia. Descubriendo cómo hablaba su abuela, por qué su padre tomó cierta decisión o qué soñaba aquella persona cuyo nombre aparece detrás de una fotografía.

Yo ya no puedo hacerle mis preguntas a Louis.

Tal vez tú todavía puedas sentarte con esa persona cuya historia te gustaría conocer. O empezar a escribir la tuya, con tus propias palabras, para que algún día alguien pueda encontrarte en ellas.

Por eso creé Mi Biografía.

Mario Sacramento
Fundador de Mi Biografía

Conoce Mi Biografía